El zazen explicado por el maestro Soko

Hoy voy a hablar del zazen. Lo cual parece bastante lógico puesto que estamos en un dojo zen, practicando zazen. Voy a hablar de la postura, van a escuchar cosas que ya saben. Pero quiero hablar de eso para favorecer posturas más libres, más sueltas.
 
Ayer hablé de la fe, de la fe en sí mismo, como deseo para el 2011. Establecerse en lo más íntimo de cada uno y tener fe, fe en nuestra dimensión, fe en nuestra motivación de vivir, fe en la construcción y la dirección que damos a nuestra propia vida.
 
Para tocar lo más íntimo practicamos zazen.
 
Zazen es, como lo saben, meditación sentada en la postura tradicional del loto. Esta postura ha sido practicada por el ser humano desde la prehistoria. Ok, el Buda histórico la actualizó, y su despertar, su actualización iluminó a toda la humanidad. Eso ocurrió hace 2500 años. Ahora estamos aquí, año 2011, con toda otra realidad objetiva que la del Buda, pero la postura es la misma. Y esta postura ya era practicada antes del Buda.
 
Entonces zazen no es una teoría, no es una idea, ni tampoco un conocimiento que agarrar por el cerebro. Zazen es únicamente, y solamente, una práctica con la postura tradicionalmente del loto, o sea practica con el cuerpo. Esta práctica cambia radicalmente nuestro espíritu. En el zen se dice: “Fundirse con el universo entero.”
 
Boddidharma, de India a China. Eihei Dogen, de China a Japón. Taisen Deshimaru, de Japón a Europa. Estos patriarcas no hicieron sino transmitir la semilla original del zen hacia una tierra nueva. Y nosotros la hemos recibido. Entonces podemos, y yo digo debemos, sembrar esta semilla en nuestra propia tierra.
 
Entonces la postura. Estamos sentados en el centro del zafu. Si hay algo, lo único esencial, para practicar esta postura, ese algo es un zafu, el cojín. O sea hasta en la naturaleza hacemos un cojín con hierbas, o nos sentamos en una piedra, no importa, es fácil; pero luego en un dojo tenemos zafu hechos a nuestra medida, y este zafu es esencial. Entonces, estamos sentados y cruzamos las piernas, en loto, medio loto, pero aunque no lleguemos a cruzar las piernas conviene empujar el suelo con las rodillas. Entonces, nuevo año nuevos proyectos... Pues uno puede ser eso: profundizar su postura, darse la pena de cruzar las piernas y de aguantar el medio loto y echarse en el agua para probar poco a poco la postura del loto completo. O sea no estancarse en una postura cómoda. La pelvis basculada hacia adelante al nivel de la quinta vértebra lumbar, la primera que es móvil a la base de la columna. Desde este punto la columna vertebral bien recta, el mentón entrado, y por lo tanto naturalmente la nuca está estirada. La nariz a la vertical del ombligo. Nos convertimos en el ‘guión’ entre la tierra y el cielo, con las rodillas que empujan la tierra y la cima del cráneo que empuja el cielo. Apoyamos la mano izquierda en la mano derecha con las palmas mirando al cielo, nuestros pulgares se tocan formando una línea recta. Y si practicamos medio loto, o mejor, loto completo, las manos se apoyan en los pies, y el canto de las manos permanece, esto es fundamental, permanece en contacto con el abdomen, debajo del ombligo. La espalda está relajada. La punta de la lengua toca el paladar, detrás de los dientes de arriba, de la mandíbula superior. La mirada, y quien dice mirada dice ojos abiertos, semi-abiertos, la mirada posada a mas o menos un metro de distancia en el suelo, sin mirar nada en particular. Ahí tenemos el kit técnico en lo que respecta al cuerpo, la parte corporal.
 
Ahora la respiración. Pues la respiración zen no se puede comparar con ninguna otra. Es una respiración que también, al igual que la postura, es conocida desde hace muchísimo tiempo. La encontramos descripta en la escritura en sánscrito como ‘anapanasati’, y esta respiración no puede surgir, brotar, sino de una postura correcta. Su enfoque, antes de todo, es el de establecer un ritmo lento, poderoso y natural, basado en una espiración suave, larga y profunda. El aire es expulsado lentamente y silenciosamente por la nariz, mientras el empuje debido a la espiración baja de manera muy poderosa hacia el bajo vientre. Al final de la espiración la inspiración se hace naturalmente. Los maestros zen comparan el soplo zen con la espiración del bebe, del recién nacido, que grita apenas nacido.
 
Entonces estamos ahora instalados en esta postura con el cuerpo y atentos a la respiración. Ahora viene el último punto, la actitud del espíritu, de la conciencia durante zazen. Sentados en zazen dejamos las imágenes, dejamos los pensamientos, dejamos la formaciones mentales que salen del inconsciente. Todo eso lo dejamos pasar, pasar como nubes en el cielo. Sin oponerse, y tampoco sin aferrarse a ellos. Es un punto importante, el maestro Kosen habló de eso durante la sesshin de invierno. De no confundir cuando decimos, y más bien para los principiantes, ‘dejar pasar los pensamientos’ no quiere decir tener un electroencefalograma plano. Hablaré más tarde de todo eso. Entonces la actitud del espíritu, al igual que los reflejos en el espejo, las emanaciones de la mente pasan, regresan, pasan de nuevo, dan la vuelta, y al final se desvanecen por si mismas, desaparecen, por que son ilusiones, no existen, no tienen ego, no tienen noúmeno. Son pura ilusión. Y llegamos al inconsciente profundo, este inconsciente profundo es sin pensamientos, o más bien está más allá de toda clase de pensamientos. Es la tierra pura del zen. Es la verdadera pureza del zen. Esta conciencia la llamamos ‘hishiryo’, conciencia cósmica.
 
Bueno esta actitud del espíritu no podemos buscarla con nuestro cerebro frontal. Esta actitud del espíritu resulta naturalmente de una profunda concentración en la postura del cuerpo. Eso es el zazen. Una profunda concentración en la postura y en la respiración. Esta profunda concentración permite el control de la actividad mental, y eso lo que queremos decir con ‘dejar pasar los pensamientos’. Es llegar naturalmente, a través de la postura y de la respiración, al control de nuestra actividad mental.
 
Cuando decimos que este control es ‘natural’, es porque el cuerpo está echo así, funciona así, fisiológicamente. Esta postura nos produce una mejora de la circulación cerebral. Si nos sumergimos en esta postura durante zazen naturalmente el córtex, el cerebro frontal, descansa. Y esto es así porque el flujo de la sangre cambia de dirección, al igual que las agujas en las vías del ferrocarril, en lugar de ir siempre en la misma dirección, o sea irrigar el córtex, la sede del pensamiento consciente, todo el flujo de la sangre, muy bien oxigenada a través de la respiración, va hacia las capas profundas del cerebro. Y esta irrigación, al igual que el agua en una tierra seca, despierta estas capas profundas del cerebro. Y es ahí que hay que ir. Ahí está lo más íntimo de nosotros, que también es común a todo el universo. Entonces, en lugar de pasar nuestro tiempo en alimentar con exclusividad, como un tirano, al neocórtex, decidimos restablecer nuestra verdadera naturaleza dirigiendo a través de la postura y la respiración el flujo de la sangre hacia las capas profundas de nuestro cerebro.
 
El primer efecto es que la actividad, el despertar del cerebro profundo nos procura una sensación de bien estar, de calma, de serenidad. En este lugar no hay angustia, no hay miedo, no hay neurosis. En este lugar podemos reír de nuestras propias jaulas. Podemos ser libres como el viento. Como el canto de los pájaros, hoy, en el patio del dojo zen.
 
Eso es durante zazen. Luego, acceder a la verdadera dimensión del zazen es seguir, naturalmente, automáticamente, inconscientemente, con este modo de funcionamiento en la vida cotidiana.
 
Hablaré de la relación entre eso y el despertar, que llamamos satori, durante la sesshin de febrero.

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