CAMPO DE VERANO
Agosto 2000


Dirigido por el Maestro Kosen Thibaut


Kosen Sangha


Mas Silvestre, 1-31 de agosto del 2000



Asociación Budista Zen Deshimaru
Traducción: Dojo Zen de Barcelona y Dojo Zen de Valladolid


Primera Sesión
Segunda Sesión
Tercera Sesión


Primera Sesión

Preparación

Martes 1/8/2000 7:30

Kin Hin

El Kin Hin no es una técnica especial, sino encontrar lo fundamental de la marcha, pero con la experiencia y la madurez, a diferencia de los bebés que aprenden a andar. Se trata primero de equilibrarse sobre los dos pies y, a partir de este equilibrio sobre los dos pies, sobre las dos piernas, se comienza con el pie derecho adelantándolo un poco en relación con el pie izquierdo. Entonces, se establece primero el equilibrio sobre los dos pies antes de provocar el desequilibrio necesario para generar un nuevo paso.

La postura base del Kin Hin: Los pies deben estar separados el uno del otro más o menos al ancho de los hombros. Justamente, el equilibrio en el hombre se produce cuando los pies están colocados a la misma anchura que los hombros.

Los talones están ligeramente próximos, pero no se trata tampoco de andar como un pato. Ligeramente próximos de modo que quepa entre ellos el ancho de un puño o un pie. Ésta es la posición básica de los pies.

Esta marcha se ritma, como sabéis la mayoría, a partir de la respiración; y entonces, a medida que la expiración —que debe ser larga, calma y profunda se efectúa, el peso del cuerpo recae más sobre la pierna de delante y sobre la parte delantera del pie de esa misma pierna. Al final de la expiración, la pierna de atrás pasa adelante al mismo tiempo que la inspiración; después, se comienza de una nueva expiración, dejando caer gradualmente el peso del cuerpo sobre la pierna de delante.

Los antebrazos están bien horizontales, las palmas de las manos paralelas al suelo, y la raíz del pulgar izquierdo contra el esternón, un poco por debajo del esternón, en la parte superior del plexo solar.

Entonces, no está bien que los pies estén demasiados separados el uno del otro; tampoco que estén demasiado cerca.


Zazen

En los libros taoístas más antiguos se dice que el ser humano es un puente entre el cielo y la tierra. Es, pues, una muy pesada responsabilidad y una aventura que no comprendemos ni siquiera nosotros mismos. Cuántos seres humanos se han preguntado desde que el hombre existe: ¿Pero qué hago aquí? ¿Cuál es el sentido de todo esto?.

Los animales no se hacen este tipo de preguntas, y los ángeles no se hacen este tipo de preguntas tampoco. Únicamente el hombre, en su condición de enlace, se pregunta: ¿Pero qué hago aquí?

Una de las leyes fundamentales del zazen que enseñó el maestro Deshimaru es: ni kontin ni sanran. Sí, como enlace, se debe guardar un equilibrio entre la tierra y el cielo; siempre un equilibrio. Es como los niños: como cuando se tienen niños y éstos miran en el plato de sus hermanos a ver si tienen más que ellos. Y si los padres sirven más a uno que a otro, hay jaleo.

Somos una especie de mutación. Somos ya mutantes. Vemos a menudo películas de ciencia ficción con mutantes, pero el hombre mismo es un mutante. Se necesitarán quizás algunos miles de años o algunos millones de años para comprenderlo. Y el zazen es la expresión más sublime y más fundamental de esta mutación: cuerpo y espíritu unificados.


Martes 1/8/2000 7:30

El maestro Dogen Zenji declara que estudiar el budismo consiste en estudiarse a sí mismo. Es la particularidad de esta religión, de esta práctica religiosa, que propone estudiar el fenómeno humano en todo su misterio. Lo primero que se nos enseña en esta escuela es que cada uno de nosotros posee la naturaleza de Buda. No es poseer como poseemos algo exterior a nosotros mismos. Nuestra naturaleza misma es Buda. Aunque nos lo repitamos cientos de veces, serán sólo palabras vacías, palabras huecas: «Ah, tenemos la naturaleza de Buda, ah» El hombre no comprende la particularidad de su caso: que tiene la naturaleza de Buda. Hay muchos mitos sobre el génesis de la humanidad. Los hay que cuentan incluso que fueron dioses o extraterrestres que desembarcaron hace algunos millones de años y que, como no habían traído mujeres con ellos, acabaron acostándose con las monas. Y entonces hay problemas familiares, porque unas veces nos inclinamos del lado de la madre mona y otras veces del lado del padre extraterrestre (a menos que fuera una mujer extraterrestre que se hizo violar por un gorila).

Todos los génesis que se han inventado son pura imaginación, más o menos bellos, más o menos poéticos, siempre llenos de enseñanza. No se ha publicado el génesis de la mona.

No impide que tengamos la naturaleza de Buda. Es el primer principio que descubrió el maestro Dogen Zenji; a tal punto, que se planteó seriamente la pregunta de si valía la pena practicar algo, dado que poseemos la naturaleza de Buda, que somos Dios. Nuestra naturaleza es ser Dios. No es necesario saltar a la pata coja o hacer cualquier cosa para llegar a ser lo que ya se es.

Entonces, en mi mitología nos preguntamos: «Pero, ¿por qué un dios va a hacer el amor con un mono?, ¡qué idea!.» Luego, es necesario estudiarnos a nosotros mismos, estudiar nuestra parte divina, ilimitada, inmaterial, infinita. Creación de todas las cosas. Es también estudiar nuestro cuerpo de mono. Es también asumir nuestra progenitura (incluso si tenemos, por ejemplo, un hijo un poco anormal o que hace tonterías). Reconocemos nuestros propios defectos en nuestro hijo, pero es nuestro hijo.


Kin Hin

El Kin Hin es verdaderamente la concentración básica en la marcha a través del cosmos. En apariencia, no resulta una postura difícil. No requiere una flexibilidad extraordinaria. Todo el mundo piensa que sabe andar. Pero nos damos cuenta de que al hacer Kin Hin durante un cierto tiempo, 5-10 minutos, comenzamos a estar cansados, se nos cansan los hombros, nos duelen los riñones. Por lo tanto, es mucho más meticuloso de lo que parece.

Entonces, voy a mostraros las bases de la postura. Primero, los pies deben estar a la misma anchura que los hombros. Podéis medir la anchura de vuestros hombros y poner un trozo de celo en el suelo. Ésta es la postura más estable y natural para el hombre. A partir de ahí, aproximamos los talones, dejando entre ellos más o menos la anchura de un puño. Ésta es una separación natural de pies.

Ya conocéis la postura de las manos. Se encierra el pulgar en el interior del puño izquierdo y se coloca la última falange de modo que el pulgar sobresalga, y luego se apoya éste sobre el esternón, algunos centímetros por debajo el esternón. Los brazos deben estar naturalmente horizontales. Es más o menos 2 o 3 dedos bajo el esternón.

Se comienza siempre el Kin Hin adelantando el pie derecho. No se dan grandes pasos, se dan pasos de la longitud de medio pie. Eso es. A mi modo de ver la postura básica es ésta, es decir: un pie delante, mantenerse bien derecho, los antebrazos horizontales, las palmas de las manos paralelas al suelo. El pulgar derecho se coloca naturalmente sobre la mano izquierda. Se cierran las manos como una hoja de papel que envuelve.

Entonces, comenzamos el Kin Hin tomando equilibrio sobre las dos piernas. De este modo podemos centrarnos correctamente. Entonces el inicio es la postura de pie, en equilibrio sobre los dos pies: están la parte delantera del pie, la parte trasera del pie, los lados del pie, el interior del pie. Es importante sentir delicadamente e incluso casi sensualmente el suelo con la mayor parte posible de la planta del pie. Extended bien la planta de vuestro pie. Os sentís bien equilibrados y de hecho relajados; no hay esfuerzo. Se está en equilibrio como si se estuviera sobre un hilo, es decir con la pelvis. Estáis bien equilibrados en medio de esta base. Cuando estáis bien centrados, no hay fatiga, sentís que la respiración está libre. Por el momento no os hablo demasiado de la respiración, os hablo del equilibrio. Y entonces, como es una marcha, hay que avanzar. Es como los bebés, están ahí y tienen que avanzar. De modo que vamos a trasladar progresivamente el peso del cuerpo sobre la pierna de delante, y como es la pierna derecha,éste va un poco hacia la derecha.

Ahora, tomáis equilibrio sobre la pierna de delante. Desde fuera no se ve, pero en realidad la pierna de detrás está libre. Y de nuevo voy a encontrar mi equilibrio sobre el pie de la pierna de adelante, entre la parte delantera del pie, entre la parte trasera del pie. Sensei hizo mucho énfasis en que empujáramos con la parte delantera del pie, con la raíz del dedo gordo del pie. Debéis saber que si empujáis demasiado sobre la parte delantera del pie, vais a acentuar la curvatura lumbar. Si no estáis demasiado arqueados, está bien empujar hacia delante. Por el contrario, si estáis demasiado arqueados, si os ponéis más hacia atrás, aliviáis el arco de la espalda. Por tanto, siempre sobre el pie de adelante, tenéis que encontrar vosotros mismos vuestro equilibrio. Colocad bien la pelvis simplemente ajustándose sobre el pie. Tenéis que sentirlo. En realidad, hay que estar bien vertical.

Como sabéis, esta marcha está ritmada por la respiración. Una vez que estáis bien apoyados sobre la pierna de adelante, llegáis al fin de la expiración, dejáis que el aire os llene y en ese momento el pie de adelante pasa a atrás.

Los pasos siempre de la longitud de medio pie.

Durante un pequeño momento, os equilibráis sobre los dos pies, siempre en relación con la pelvis. La pelvis no debe estar demasiado curvada, las nalgas tienen que estar un poco cerradas. Debéis poder controlar vuestro cuerpo y, durante la expiración, trasladar lentamente el peso a la pierna de adelante y equilibraros sobre el pie de la pierna de adelante.

Bien, vamos allá.

Si lo hacéis así, podéis continuar mucho tiempo sin fatigaros.

Es muy importante sentir el suelo con la planta de los pies y relajar la tensión de los pies. Si tenéis ocasión, haceros masajes, muchos masajes en la planta de los pies. Si masajeáis bien esta parte del cuerpo sentiréis, durante Kin Hin, una mayor sensibilidad del pie al contacto con el suelo.


Zazen

Sea a través del kin hin o del zazen, todo lo que está vivo es espíritu, y todo lo que es espíritu es conciencia; por lo tanto nuestro cuerpo, nuestra postura, es espíritu y conciencia. Y nuestra conciencia, nuestro espíritu, es cuerpo, es nuestro cuerpo. Esta relación entre la materia, la forma, el espíritu y la conciencia, es el estudio de la vía, el estudio del ego del que habla el maestro Dogen.


Martes 1/8/2000 20:30

Un día Buda se encontraba en Rajdaga, en un jardín de bambúes, y decidió ir a la ciudad con sus discípulos para pedir limosna (tal era la tradición en la India). Hizo una pequeña conferencia para las personas que estaban allí y luego, hacia las 5 de la tarde, regresó, siempre acompañado de sus discípulos.

Por el camino, se cruzaron con un hombre que empujaba delante de él a una gran manada de bueyes que entraban en la ciudad. El Buda miró las vacas, los bueyes y los toros: estaban gordos. Avanzaron y miraron los toros que se empujaban entre ellos y se golpeaban con sus cuernos.

Viendo todo eso, el Buda dijo a sus discípulos: «La vejez y la muerte se parecen a ese hombre que conduce su manada con su bastón. Sabéis a dónde lo conduce: a la carnicería. Lo mismo sucede con el hombre que se alimenta toda su vida: la vejez y la muerte le conducen a la carnicería. Entre las centenas y millares de personas no hay una, hombre o mujer, sea de la familia que sea, que no termine por debilitarse, envejecer y morir».

Cuando el Buda llegó al jardín de bambúes, se lavó los pies y se sentó. Su discípulo Ananda avanzó hacia él, se prosternó y preguntó:

--No he entendido muy bien eso que has dicho antes. ¿Podrías hacerme el favor de explicármelo otra vez?

El Buda le dijo:

--¿Has visto a ese hombre que conducía su manada antes?

--Sí, lo he visto —dijo Ananda—. Esa manada de bueyes y vacas perteneciente al carnicero contaba al principio 1000 cabezas. Cada día los alimentan y les dan un agua excelente, así como una excelente hierba para que se pongan gordos, y después eligen al más gordo y lo matan. De este modo, más de la mitad ya ha muerto. Sin embargo, los que quedan no se dan cuenta de nada, están solamente dándose cornadas. Me ha sorprendido su falta de sabiduría.

El Buda le dijo:

--No se trata solamente de las vacas, con los hombres es lo mismo: no piensan más que en el ego, no conocen la impermanencia, la impermanencia universal, se sienten a gusto dándose atracones, complaciendo sus cinco sentidos, divirtiéndose. De hecho, no dejan de hacerse maldades los unos a los otros, no están nunca verdadera y profundamente en armonía entre sí, ni siquiera provisionalmente. En su ceguera, en su egoísmo, no se dan cuenta de nada. ¿En qué son diferentes a esa manada?.

Sabes, en esta ciudad había una prostituta llamada Flor de Loto. Era de una belleza extraordinaria. En todo el país no había una mujer que pudiese compararse a ella. Evidentemente, todos los chicos de buena familia querían conocerla, querían mirarla.

Ocurrió que un día esta chica, muy bella, se encontraba muy triste y muy sola, y de repente se dijo: «Tengo ganas de abandonarlo todo, estoy cansada de esta vida, que para mí al fin y al cabo no tiene ningún sentido. Me gustaría encontrar algo más profundo. ¿Por qué no hacerme monja?»

Llegó a dirigirse incluso hacia donde sabía que se encontraba el Buda. Pero al llegar a la mitad del camino se encontró con una fuente de agua pura. Flor de Loto bebió de esa agua fresca, se lavó las manos, se echó agua en el rostro y, viéndolo reflejarse sobre el río, se dijo: «¡No obstante, qué bella soy!». Los bellos cabellos, negros y largos, los ojos hermosos, la forma armoniosa de la cara, el cuerpo tan bien proporcionado. «¡Qué suerte tengo de ser tan bella!», se dijo. «Si me hago monja, me afeito la cabeza y visto un kolomo, ¡estaría echando a perder la mercancía!». Aunque no dijo eso, sino: «Es mejor que aproveche aún la suerte que tengo».

Finalmente, volvió sobre sus pasos y regresó a casa.

El Buda, que sabía que Flor de Loto tenía que llegar a ser monja y obtener la liberación, creó una mujer milagrosa, una mujer mágica más bella que todo lo que se podría imaginar. Incluso Flor de Loto parecía insípida a su lado. Y esa mujer vino por el camino y se cruzó con Flor de Loto. Cuando ésta última la vio, su corazón se llenó de admiración y de amor por ella. Enseguida le preguntó:

¿De donde venís, donde se encuentra vuestro marido? ¿Tenéis hijos? ¿un padre? ¿hermanos? Me gustaría mucho hablar con vos. ¡Qué bella sois! ¿Cómo es que camináis así sin nadie que os acompañe?

La mujer respondió:

Vengo de la ciudad y vuelvo a mi casa. No os conozco pero creo que estaría bien que regresáramos juntas, que usted me acompañase. Después, cuando lleguemos cerca de una fuente, podríamos descansar y hablar juntas.

De acuerdo dijo Flor de Loto.

Caminaron juntas, llegaron cerca de un arroyo y charlaron acerca de un montón de cosas. Luego la mujer mágica le dijo que estaba cansada y que le gustaría dormir un poquito. Apoyó la cabeza sobre las rodillas de Flor de Loto y se durmió. Flor de Loto esperaba que se despertase, pero al cabo de un instante se dio cuenta de que estaba muerta. Entonces la chica comenzó a hincharse y a despedir un olor repugnante. Su vientre explotó. Aparecieron gusanos. Cayeron sus dientes. Se desprendieron sus cabellos y sus brazos. Se cayó en pedazos como en las películas. Flor de Loto exclamó:

¡Ah, es horrible! y vomitó. ¿Cómo es posible que una belleza tan perfecta, una mujer tan bella, tan amable, tan graciosa se haya transformado tan rápidamente en algo tan monstruoso?

Y de golpe comprendió la ley de la impermanencia, se asustó y partió rápidamente a reunirse con el Buda. Puso toda su energía en estudiar la sabiduría. Llegó a ser monja y Buda le dijo:

«Sabes, Flor de Loto, hay cuatro cosas sobre las cuales el hombre no debe apoyarse: la juventud, porque tiene que acabar en la vejez; la fuerza, porque tiene que acabar en la muerte; las alegrías que se sienten estando reunidos en familia con los padres, los hermanos, las hermanas, la mujer, los hijos, los nietos, los abuelos y los bisabuelos, porque habrá que separarse de ellos; y la riqueza, porque tiene necesariamente que perderse.»

Habiendo escuchado la enseñanza de Buda, Flor de Loto la entendió y la aceptó con alegría. Comprendió que no hay nada perpetuo y calmo excepto la sabiduría y la virtud del nirvana. Por lo tanto, decidió seguir la vía con el Buda. Practicó zazen y alcanzó el despertar.

Cuando Ananda escuchó esta historia, se sintió muy feliz de estar con el Buda, y no sintió ningún temor, ningún miedo de envejecer, de morir ni de desaparecer.

Es siempre el problema del matrimonio entre Dios y el gorila.


Jueves 3/8/2000 17:00

Os estoy hablando de la relación de pareja entre el cuerpo y el espíritu, entre Dios y el animal. Hay una diferencia entre el cuerpo y el espíritu, puesto que gracias a este matrimonio el espíritu puede utilizar un cuerpo, y el cuerpo posee una conciencia. Es maravilloso, pero he dicho que el espíritu del cuerpo y el cuerpo del espíritu son diferentes. En zazen tenéis que realizar el cuerpo del espíritu y abandonar el espíritu del cuerpo, es decir la conciencia del cuerpo, la conciencia personal.

Cuento cosas que no parecen tener relación entre sí. Además, no establezco una relación consciente entre mis kusenes, no soy tan inteligente como para eso.

Las enseñanzas de Buda sobre la impermanencia, la enfermedad, la vejez y la muerte, las cuatro nobles verdades, es la enseñanza dada al animal para decirle: «Vuélvete hacia el dios que está en ti». El dios no sufre esos problemas de enfermedad, de vejez y de muerte, porque es inmortal. Al contrario, no solamente no sufre, sino que lo aprovecha porque para él es un placer inmenso sentir, tener un cuerpo, sufrir, tener el límite del tiempo, jugar con el límite del tiempo y del espacio, envejecer e incluso quizás morir. ¡Qué goce para él!


Viernes 4/8/2000 20:30

En el dojo no hay que hacer cualquier movimiento, ruido, ni tener cualquier pensamiento. Normalmente, en el dojo, no hay lugar para la gente ordinaria: sólo los Budas pueden entrar en el dojo; los animales no pueden.

La gente se pregunta: ¿Qué se aprende aquí? Bueno, de acuerdo, hacemos zazen, enseguida nos piden que hagamos samu, la limpieza. No impide que yo prefiera hacer yoga. Está también la piscina. Bueno, y bien, ahí dentro, el zen, ¿qué es?

Se dice que el zen que nosotros practicamos, el zen Soto, el zen de Dogen, es el zen de la iluminación silenciosa. Todo nos será enseñado por el Buda. Él nos enseña con su lenguaje. Su lenguaje es silencioso. Pero que no necesite palabras no significa que no tenga nada que decir. Él enseña a cada instante, corrige la postura. Entra en nosotros.

Os habla. El problema es que vosotros no le escucháis porque vosotros mismos no paráis de hablar por dentro: ¡bla bla bla, bla bla bla! Hablo, hablo, me escucho, me intereso, sin parar.

Entonces, evidentemente, hay que elegir: os escucháis a vosotros mismos o escucháis al Buda.

Es como alguien que cree que se habla mal de él. Se pone nervioso, llega todo alterado, histérico, quiere agarrar al otro por el cuello, por el cuello de la camisa:

--Hablas mal de mí, ¡te voy a matar!

Está todo rojo, resopla ¡puff, puff, puff! Queremos explicarle:

—¡Pero no! Te estás haciendo daño por nada. No estábamos hablando de ti en absoluto.
—¡Como hables de mí ...te voy a matar!
—Si te tranquilizas, si te callas, te explico de que hablamos.

Entonces el tipo se calma. ¡Uf!. En ese momento, podemos decirle que estábamos contando una historia divertida, que no estábamos hablando en absoluto de él.

Es parecido con el Buda: dejamos de alterarnos, de ponernos nerviosos, de estar histéricos por dentro. Es suficiente con calmarse, con hacer silencio, con abrirse: entonces el Buda puede decirnos lo que quiere decirnos, incluso actuar a través de nosotros.

En ese momento todas las cosas que hacemos aquí, que son banales y simples en apariencia, se vuelven absolutamente interesantes.

Es esto lo que el maestro Dogen quiere decir cuando dice:

«Estudiarse a sí mismo es olvidarse de sí mismo,
olvidarse de sí mismo es ser certificado (incluso ser tratado)
por todas las existencias del cosmos».

Y todas las existencias del cosmos significa Buda. Buda no es un ego, Buda es universal.

Domingo 6/8/2000 7:30

El zen del maestro Deshimaru, que es la verdadera esencia de la transmisión del budismo, ha sido preparado durante dos generaciones de maestros como se prepara un plato de cocina, preparado para ser transmitido aquí y ahora. Quiero decir aquí y ahora.

La primera vez que comprendí esto de la cocina de Kodo Sawaki y Deshimaru fue cuando fui por primera vez al gran templo japonés de Eiheiji. Es el gran templo, el templo principal del soto zen en Japón, donde el maestro Dogen mismo enseñó siete siglos atrás.

Por tanto, ese templo de Eiheiji ha conservado la misma tradición, las mismas reglas desde hace siete siglos. A pesar de todo, el aspecto ceremonial se ha desarrollado mucho. Y cuando entré en ese templo con mi maestro, me dije:

—Yo he recibido la ordenación de monje de mi maestro Taisen Deshimaru, pero la idea de la actualización del monje que yo represento no tiene nada que ver con los monjes del templo de Eiheiji.

Sin embargo, ellos también son monjes, ellos también siguen de algún modo la tradición. Pero hay algo profundamente diferente, como si estuvieran escindidos del mundo, como si pertenecieran a un siglo pasado y nosotros, con el maestro Deshimaru, fuéramos monjes fuera de tiempo. A pesar de todas las ideas uno pueda hacerse sobre el budismo, sobre los monjes zen, sobre los templos, los inmensos templos japoneses, eran mi ordenación y mi práctica con el maestro Deshimaru las que me parecían reales; no era teatro. Es parecido, pero no tiene nada que ver. Incluso si nos inspiramos, si estudiamos según la práctica de los antiguos, en China, en Japón, en India, es la práctica de ahora la que es importante, adaptada a la situación presente.

Los grandes maestros de la transmisión, el maestro Kodo Sawaki y el maestro Deshimaru han preparado esta adaptación desde hace dos generaciones. Ya el maestro Kodo Sawaki en Japón comenzó a enseñar a los estudiantes, en un aula universitaria. Después, fue el primer maestro en enseñar a los laicos. Entre sus discípulos hubo muchos escritores, intelectuales, artistas, comediantes, actores, geishas, toda clase de personas que no tenían nada que ver con el mundo que se conoce en los templos.

Cuando el maestro Deshimaru fue a ver al maestro Kodo Sawaki para pedirle la ordenación de monje, Kodo Sawaki no se la dio. Se negó a dársela durante 40 años. Durante 40 años el maestro Deshimaru quería hacerse monje. Kodo le dijo:

«No es esa clase de monje la que quiero que seas.»

Y le devolvía a sus problemas sociales, en la vida ordinaria. Cuando al fin, a la muerte de su maestro, puede recibir la ordenación así como la transmisión del Dharma de Kodo Sawaki -todos los kesas, las cosas personales de su maestro-, se encuentra desplazado con respecto a lo que pasa en Japón. Durante tres años se preguntó:

«¿Qué voy a hacer?. Ahora soy monje, pero ¿qué quiere decir?. No tengo nada que hacer aquí, no tengo templo, no tengo nada que hacer aquí en Japón».

Y, del fondo de sus dudas, de su sufrimiento, encarnó a algo o a alguien que simboliza totalmente el personaje mítico del monje zen, del maestro zen, como Boddhidharma, fuera del tiempo, fuera de todo contexto, libre de todo, profundamente humano, pero desde un tiempo infinito más allá de este mundo. Completamente adaptable a cualquier situación, pudiendo hablar todas las lenguajes con todo el mundo, comprender toda la humanidad. Y al mismo tiempo un ser que había abandonado todo.

Y él, al contrario que Kodo Sawaki, ordenó monjes muy rápidamente. Sabía que las semillas que el plantaba no tenían nada que ver con los monjes de Eiheiji. Estos monjes de una nueva generación crecían en una nueva tierra. Por ejemplo, fue mi maestro quien me dijo:

«Stephane, tienes que ser monje».

En esa época yo era muy libre, no tenía ataduras. Dicho de otra forma, hacía cualquier cosa, vivía en cualquier sitio, me sentía muy libre, como un monje. Entonces dije:

--Sensei, no tengo necesidad de hacerme monje, ya lo soy.

Y él me miró, haciendo un signo con el dedo de que yo estaba loco. Entonces me dije: «Bien, de acuerdo, si Sensei quiere que sea monje, recibo la ordenación.»

No había comprendido realmente nada, y no comprendí nada hasta el día de la ordenación. No quería ni siquiera afeitarme la cabeza. ¿Es que merece la pena afeitarse la cabeza?

Y de golpe, mientras estaba en el apartamento del maestro justo media hora antes de la ordenación, me miré en el espejo. No sé porque, pero tuve que cortarme el pelo enseguida. Me encontré afeitado con mi pequeño mechón. Sensei me miró, se rió y dijo:

--¡Ah, parece que tuvieras 12 años! Eres muy puro.

Un año y medio más tarde, me disculpé ante mi maestro. Le dije:

--Escuche, Sensei. No había entendido bien lo que era la ordenación. Fue usted quien me pidió que me hiciese monje, pero yo querría por mi parte pedírsela de nuevo. Soy yo quien le pido, Sensei, que me de la ordenación de monje una segunda vez.
--Oh, con Stephane siempre es especial. ¡De acuerdo!.

Me dio la ordenación una segunda vez. Me entregó un rakusu sobre el cual estaba escrito: «El orden cósmico sigue a Stephane».

¡Normalmente somos nosotros quienes debemos seguir el orden cósmico!.

Por lo tanto nosotros, los discípulos actuales, que hemos heredado el mismo sentimiento que el maestro Deshimaru sintió a la muerte de su maestro (cuando se encontró completamente solo diciendo: «Ya está, he recibido la ordenación, pero ¿qué significa esto, qué debo hacer?») nos preguntamos:

«¿Qué significa hoy en día ser monje zen?. ¿Qué significa esto, completamente solo de pie en medio de la calle con su... (sin templos, sin la AZI, sin la soto shu), ser un monje zen?».

Hemos heredado el mismo koan que Deshimaru: es normal, somos sus discípulos. Está en nosotros el creer, resolver esto en nuestra propia vida. Hay quienes lo resuelven; se dicen: bueno, me dejo crecer el pelo y luego dejo el zen.

Es un verdadero koan, de la vida, de la muerte, que no se resuelve en un día sino quizás en una vida.


Sesshin

Lunes 7/8/2000 11:00

Los tres puntos importantes, sobre los cuales el maestro Kodo Sawaki era muy severo, son

  • La postura, la postura justa. Sin la postura justa no se puede comprender, experimentar lo que es Buda.
  • La respiración, larga, calma, concentrada sobre la expiración y empujando, concentrando su energía sobre la región situada bajo el ombligo.
  • Y la actitud del espíritu, la conciencia.

El zen no es una religión que consista en creer en un dogma, en creer en la existencia de Buda en el exterior, en venerar a Buda como a un dios, a Buda o a otro.

Buda, Dios o Alá, es lo mismo. Dios es solamente uno. Antes de que los hombres le dieran un nombre, él existía ya, pero no existe en el zen como un objeto, como algo que tiene existencia objetiva: se tiene que realizar en sí mismo, y realizarlo en sí mismo no está en absoluto limitado a sí mismo.

Por tanto, en el zen, no se debe creer en, se debe realizar, realizar la verdadera naturaleza de las cosas.

Mucha gente pregunta, hacen esta pregunta en Internet:

«El hecho de estudiarse a sí mismo, de hacer meditación, de mirar en el interior, ¿no os vuelve egocéntricos?».

Por eso el tercer punto sobre el que el maestro Kodo Sawaki era muy severo es la actitud del espíritu, la conciencia durante zazen. El hombre ordinario mira al exterior, desde su ignorancia. A veces, cuando paso en kin hin, hay quien me sigue con la mirada.

La gente quiere siempre mirar afuera. «¡Buenos días!. ¿Cómo está usted, cómo va?». Incluso cuando quieren rezar miran al exterior, como cuando van al mercado y miran un melón: «¡Dios mío, escúchame!». Desde su ignorancia quieren descubrir el mundo exterior. En la práctica de zazen no se trata de eso, no se trata tampoco de mirar el interior desde la ignorancia. Puesto que Dios es infinito, no hay ni interior ni exterior. Entonces, ¿desde dónde queréis que mire?, ¡no tengo más que mi ignorancia!. Es por eso que el maestro Kodo y el maestro Deshimaru enseñaron:

Concentraros primero sobre la postura exacta, con vuestro cuerpo entero, la mirada vuelta hacia el interior, las rodillas bien apoyadas en el suelo, la columna vertebral derecha, natural, no demasiado arqueada. Respirad tranquilamente, profundamente. Ya vuestra conciencia no es la misma, ya los límites de vuestro ego son más vastos, después hablaremos de la conciencia durante zazen, a partir de esta postura, a partir de esta calma. Y en particular, ¿cómo se debe pensar durante zazen?. Esta es una frase que me sorprendió. ¡Qué!, ¿hay varias formas de pensar?, ¿por qué dice eso?. Sensei decía: ¿Cómo pensar durante zazen?. Yo creía que no había que pensar durante zazen.

El pensamiento del ignorante hace ruido, el mismo ruido que cuando se ha tirado de la cadena del water o que un frigorífico que hace bzzzzzzzz y que se para. ¡Ah!, qué silencio, no me había dado cuenta en absoluto de que había ese ruido de fondo, ahora me doy cuenta de que hay silencio. La mayoría de los cerebros hacen un ruido de frigorífico: bzzzzzzzz y éste gira y gira, un ruido del que no nos damos cuenta, solamente cuando para lo percibimos. Hay quienes piensan, por ejemplo, que los kusenes, las palabras del maestro les molestan: ¡Ah!, esto es intelectual, yo no soy intelectual, me gustaría mucho hacer zazen tranquilo. De hecho, estas personas piensan sin parar, tal vez no han experimentado jamás el silencio interior.


Lunes 7/8/2000 20:30

He hablado últimamente del cuerpo del espíritu y del espíritu del cuerpo. Sobre uno de los sellos del maestro Kodo Sawaki estaba anotado: «No hay más que el espíritu».

El maestro Dogen habla del cuerpo-espíritu: aprehender el espíritu a partir del cuerpo o aprehender el cuerpo a partir del espíritu.

Uno se concentra a menudo sobre la postura, siente su cuerpo de un modo diferente, le duele alguna parte. Es interesante ver con el espíritu los límites del cuerpo. Se puede hacer el ejercicio de imaginar un pincel o un lápiz y dibujar el contorno del cuerpo durante zazen partiendo de la cima del cráneo. Se desciende por el lado derecho del cráneo, se dibuja el contorno, la oreja, la base de la mejilla, el cuello, el hombro derecho por el borde externo del brazo hasta el codo. Se rodea el borde externo del brazo hasta el dedo pequeño de la mano derecha, uno se da cuenta entonces de que el borde externo que convierte en interno. Se dibuja el dedo pequeño de la mano derecha, el anular, el corazón, el índice y después el pulgar. Se sigue siempre el contorno del brazo derecho, se sube por el otro lado del pulgar y el borde interno del brazo derecho, el hueco del codo, se sube hasta la axila, se dibuja la axila y se vuelve a bajar por el lado derecho del tórax, después el borde externo de la pierna derecha hasta la rodilla. Después se pasa sobre la pierna derecha por el borde externo, el maléolo externo, el pie, el exterior del pie hasta el dedo pequeño del pie; dibujar bien el segundo dedo pequeño del pie; aquí es difícil sentir con el espíritu, conectar con el cuerpo, el tercer dedo del pie, el cuarto dedo del pie y se entra sobre el lado interno del pie. Después, el lado interno de la pierna hasta la rodilla, el lado interno del muslo, la entrepierna, el lado interno de la pierna izquierda hasta la rodilla, la pantorrilla interna, el maléolo, y el lado interno del pie izquierdo, el pulgar, el segundo dedo después del pulgar, el tercero, el cuarto, el meñique. Continuamos: el borde externo de la pierna izquierda hasta la rodilla; después el borde externo del muslo hasta la cadera. Se sube hasta el lado izquierdo la cintura, el lado izquierdo de las costillas hasta la axila izquierda y se desciende por el borde interno del brazo izquierdo hasta el pliegue del codo; después hasta el pulgar: el pulgar, el índice, el corazón, dibujar todo esto, el anular, el meñique de la mano izquierda; se sube por el borde externo del brazo hasta el codo, se sube por el hombro, se llega al cuello, se sube por la mejilla, la oreja izquierda hasta la cima del cráneo, y se ha hecho el recorrido. Ahora se sienten los límites del cuerpo, se siente su contorno, sus límites en el espacio.

Ahora este cuerpo, sus límites, son conocidos, se les ha tocado, se pueden olvidar. El cuerpo y el espíritu son a la vez limitados e ilimitados.

Del mismo modo nuestro pensamiento, nuestra conciencia, son a la vez limitados e ilimitados.


Martes 8/8/2000 7:30

Kin hin 

Tomen buen apoyo sobre la pierna de adelante al final de la expiración.

Después el maestro Hyakujo viene el maestro Kyosei: Kyosei Dofu, el sucesor del maestro Seppo.

En el capítulo Gyogi, Dogen no escribió mas que unas líneas a propósito de este maestro. Simplemente vivía en su templo y los dioses, las deidades locales, no podían ver el rostro del maestro. Se dice que los que practican zazen son invisibles para los dioses y los demonios.

Luego, el maestro Dogen habla del maestro Gichu:

«Al principio, este maestro recibía comida celestial de la cocina de los dioses. Después de que hubo encontrado a su maestro, cuando los dioses trataron de encontrarlo, ya no pudieron verle.»

La dimensión de los seres celestes, de los dioses, de las deidades, de los genios, de los ángeles, es inferior a la de Buda o a la del Bodhisattva.

Los animales no pueden comprender la postura de Zazen, pero a pesar de todo sienten, notan la calma.  Sólo los seres humanos pueden comprender y realizar el Zazen. Éste se encuentra entre el espíritu ilimitado y nuestra existencia de hombres, de seres humanos.

Cuando era joven, Sensei me decía: «¡Ah! Stephane, usted me admira, me ama, pero aún no comprende verdaderamente mi dimensión, y más tarde comprenderá!».

Se dice del maestro Ungo Doyo que se había construido una cabaña en el bosque y que igualmente los seres celestes de la montaña le traían la comida. Su maestro le dijo: «Usted no posee la más alta dimensión de los Budas.». Tuvo un mondo con su maestro, comprendió la gran vía. Tras esto, los seres celestes le trajeron la comida durante tres días más. Después ya no vieron más su rostro y cesaron de venir.

Sensei dijo: «Es difícil imaginar esta historia, difícil de concebir la energía espiritual de Ungo, que sobrepasa los límites del pensamiento».

Ningún libro ni ningún comentario explican porqué los seres celestes dejaron de darle de comer, ningún libro explica qué vía, qué comprensión recibió de su maestro Tosan.

Dogen lo dice a menudo: «Aprovechad la suerte excepcional que tenéis de tener un cuerpo humano. Sólo el ser humano puede realizar a Buda; por lo tanto, no perdáis, no desperdiciéis vuestro tiempo; dirigid vuestra vida por el zazen».

Esto no quiere decir que no se haga nada en la vida, sino que el punto central es la práctica de la vía: se vive a partir de Buda. La aventura de Buda es algo muy grande y muy fuerte, incluye toda la libertad, toda la dimensión divina, igualmente todo el problema profundo de la humanidad, al mismo tiempo lo limitado y lo ilimitado. Al final, ya no hay diferencia, ya no hay obstáculos entre lo limitado y lo ilimitado. Ni siquiera los dioses pueden comprenderlo.


Martes 8/8/2000 11:00

El décimo séptimo patriarca, Sanga Mandai, tenía como discípulo a Geyasata. Un día, escuchó el sonido de una campanita de viento agitada por una corriente de viento.

Entonces preguntó a su discípulo:

--¿Es el sonido del viento o es el sonido de la pequeña campana?

Geyasata dijo:

--Está más allá del movimiento del viento, más allá del tintineo de la campana, es el tintineo de mi propio espíritu.

El venerable Sanga Mandai:

--Entonces, ¿qué es el espíritu?
--La razón de su tintineo es que todo está en calma.
--Excelente, excelente. ¿Quién, aparte de usted, discípulo, podría ser mi sucesor en la verdad?

Entonces, transmitió a Geyasata el Shobogenzo.

En este diálogo, el maestro Dogen enseña que más allá del sonido de la pequeña campana, aprendemos «mi espíritu suena».

Más allá del tiempo del sonido de la pequeña campana aprendemos «mi espíritu que suena es esto». En ese mismo tiempo, todo está en calma. Esta calma es una enseñanza muy profunda y muy importante del estado de espíritu de zazen. A pesar del viento, a pesar del sonido, a pesar del movimiento, esta calma hace que el espíritu sea Uno.

Esta historia es considerada como un estándar para aprender la verdad.

Muchos la comprenden al revés. Cuando el discípulo Geyasata dice: «No es el sonido del viento, ni el sonido de la campana, sino el sonido de mi espíritu», la gente piensa que significa que justo en el momento presente, en el momento del sonido, se produce en el espíritu del que escucha la aparición del hecho de que hay un espíritu, y que la aparición del hecho de que hay un espíritu es lo que se llama espíritu.

Si el espíritu no existía, ¿cómo podría reconocerse y realizarse el sonido del tintineo como una circunstancia? Sería, según ellos, a través del espíritu que podría llamarse raíz como se entiende que él habría dicho: «el espíritu suena». Pero esto, dice Dogen es una mala comprensión. Piensan así porque carecen de la influencia de un verdadero maestro.

Entre los que han aprendido bajo la dirección de sucesores auténticos de los descendientes de Buda, el estado supremo de boddhi y el Shobogenzo se llaman calma, se llaman ser libre de actuar, se llaman Samadhi, se llaman poder mágico.

El principio es que, si un solo fenómeno está en calma, los diez mil fenómenos están en calma.

Como el soplo de viento está en calma, el sonido de la campana está en calma. Es por eso que él dice que todo está en calma.

Dice que el espíritu que suena está más allá del sonido del viento, está más allá del sonido de las campanas, está más allá del sonido del espíritu.

Habiendo profundizado hasta el final este estado íntimo y directo, podemos entonces continuar diciendo que es el viento que suena, que es el sonido de las campanas que suena, que es la energía que suena, que es el sonido que suena.

Un estado de calma
Igual no existe si se separan las cosas
Pensar que este espíritu en calma es nuestro,
pensar que este espíritu en calma es la materia,
pensar que este espíritu en calma es el sonido, el viento...
de hecho, este espíritu en calma es no-separado, único, universal.
Este espíritu en calma justamente no existe cuando uno quiere cortarse del mundo exterior.
¿Cómo podría este espíritu en calma separarse de algo?
¿Cómo podría este espíritu en calma estar unido a algo?

Mondo

Pregunta 1:

No entiendo bien la diferencia entre el pensamiento y el espíritu.

Es un poco lo que trataba de explicar el maestro Dogen en su texto y en sus ejemplos. Primero, no es posible explicarlo con palabras, porque no es en absoluto lógico. El espíritu, siendo todas las cosas, incluye las contradicciones más extremas. Además, en las religiones tradicionales como el islam o el cristianismo, se dice que Dios es inconcebible, y que el hombre no puede verle sin quemarse los ojos. Es una metáfora. No es posible para el hombre concebirlo ni explicarlo. Entonces los maestros dan ejemplos vivos que hacen sentir a su manera algo que no se puede explicar.

De hecho, el pensamiento, en relación con el espíritu, es una parte muy pequeña. Me divertía escribiendo chistes sobre el pensamiento porque antes, cuando el hombre era un mono, no tenía un pensamiento como se tiene hoy, es decir un pensamiento con palabras. Porque el pensamiento es palabras, frases, es una conversación. Y después, poco a poco, se dice que el mono dejó el bosque y se fue a la llanura, y entonces distinguió mucho más los objetos unos de otros. Y poco a poco les dio nombre: "vaca, una vaca", "fuego, fuego, fuego", "piedra, piedra, piedra". Actualmente se hacen estudios sobre los monos y se han dado cuenta que incluso los chimpancés pueden tener un vocabulario de un centenar de palabras. Pero cuando el espíritu del mono cambió fue cuando descubrió el verbo y comenzó a encontrar la gramática, porque la gramática comienza a expresar otras cosas que se mueven.

Por otra parte, en la Biblia se dice: en el principio era el Verbo. El verbo es la vida en las palabras, en los objetos, es la vida que cabe en los objetos.

Y luego, se ha convertido en un medio de comunicación tan genial por el hombre, la palabra.

¡Es como el ordenador! Es la relación que había hecho: se descubre el ordenador actualmente y ¡es fascinante! Y después, a veces, no se sabe ni siquiera que se va ha hacer con él, pero ¡puf! se le enciende. Hay una fascinación y uno se vuelve cada vez más adicto a todos esas cosas, como el teléfono móvil, la tele, las consolas nintendo... toda esa cosa virtual que es también una nueva dimensión del pensamiento humano. Por el momento es el comienzo, hay aún pantallas, teclados, es realmente la prehistoria del ordenador, pero en cien años habrá ordenadores enchufados directamente al cerebro y será posible comunicarse con cualquiera en el mundo entero. Es un elemento alucinante, si se reflexiona un poquito, uno se da cuenta de que los medios de comunicación actuales son una revolución total del espíritu humano, que no está más que en su comienzo. ¿Qué va a traer esto, va a ser bueno o malo? Habrá ciertamente un lado fabuloso, un progreso, pero habrá un lado que nos va a cortar de algo otra vez. ¿De qué? De una cierta realidad. Para mí pasó lo mismo con el gorila y el pensamiento. De repente descubrió el pensamiento, habló, comprendió, transmitió cosas con el pensamiento, es decir con la palabra y las frases, y se convirtió en adicto a esto. Ya no pudo dejar de pensar, desde hace siglos.

Sólo los niños pequeños, que no conocen aún el lenguaje, pueden tener dimensiones espirituales inmensas, pero después se les enseña a leer:

"A,B, C, D, la silla, la flor, di gracias, di gracias", y luego aprenden a comunicarse cada vez más con las palabras. ¡Y ya se es incapaz de dejar de pensar! Pero, justamente gracias al zazen, uno puede observar su propio espíritu, uno puede observar el espíritu, y por lo tanto uno puede ver que está colgado del pensamiento: sin parar cuento historias, no importa cuál, pero sin parar, sin parar. Incluso por la noche, incluso cuando duermo. Y luego cuando no hablo, canto canciones: ¡la la la lala! ¿Por qué? De hecho el pensamiento mantiene la realidad. Porque para el bebé o para el mono, el mundo es mágico, pero con el pensamiento y las palabras, se mantiene la realidad en una forma, se mantiene quizás la materia, con el pensamiento.

Como tenemos miedo de lo abstracto, tenemos miedo a la muerte, a la eternidad, hablamos sin parar: bla bla bla bla bla bla.... Entonces estamos seguros deestar bien en lo real.

Mediante el zazen, pum, se puede cortar este discurso incesante y encontrar el silencio, la calma, esta calma de la que habla Dogen. El habla de este silencio que estaba allí antes de que nosotros hubiéramos aprendido a hablar. Antes de haber aprendido a describir las cosas, ¡estas no existen!

Por ejemplo, a menudo estoy en zazen y olvido quien es kyosaku, y hasta que no pongo una palabra al lado, un nombre al lado, no existe. Todo es así.

Por tanto, el pensamiento es una pequeña parte del espíritu, pero se puede entender bien el pensamiento en la relación que hay entre la calma silenciosa del zazen y las palabras.

Cuando Dogen conoció al tenzo, éste le dijo: «Joven monje, usted no ha comprendido el verdadero sentido de las palabras». Se puede comprender el verdadero sentido de las palabras cuando se comprende el silencio y la calma y se puede comprender también que este silencio y esta calma es el estado original de todas las cosas. Es decir que cuando uno para de moverse y complicarse con montones de pensamientos e ilusiones, automáticamente las cosas vuelven a lo que llamamos la calma del nirvana. Es decir que todo está incluido en el espíritu, todos los fenómenos existen en potencia en el espíritu. Y cuando se dice: Dios creó el mundo, es simplemente porque Dios pensó, ¡es todo! Él pensó y entonces ¡puf!, materializó algo, y todo el mundo es Dios y puesto que Dios es todo, cada uno es Dios en su totalidad.

Es igual que en tu cuerpo: no vas a separar el meñique del resto de tu cuerpo. No vas a decir: no, el meñique es solamente el meñique, no es mi cuerpo. No: el meñique es completamente tu cuerpo. Además, si te pegas encima con un martillo vas a decir: ¡Ay!

Pregunta 2:

Querría saber por qué es necesario "abrir" la nuca, y cómo hacerlo.

No hay que tensar demasiado. Hay personas que tensan demasiado. De hecho, no está bien tener demasiadas tensiones. Hay que pensar más bien en abrir como si hubiera una ventana detrás, porque ahí está el cerebelo, el cerebro profundo, el tálamo, que están en relación realmente con el lado intuitivo de la voluntad. Es algo muy fuerte, que está a menudo atrofiado. El pensamiento es el cerebro frontal, se vuelve débil. En la nuca hay áreas muy importantes, de la intuición, de la decisión. Justamente en la naturaleza, aquí, está abierto, y nada más. Es el cerebro primitivo, como los suizos en la montaña.

Pregunta 3:

Has hablado del miedo a la eternidad, pero ¿de dónde viene el miedo?, ¿es celular?

Es muy difícil decir de dónde viene este miedo. Siempre tenemos miedo a perder lo que creemos tener. Se dice que el que no tiene nada que perder no tiene miedo. Pero cuando uno amontona cosas, se apega a las personas, al conocimiento, a los límites, y cuando se tiene que soltar eso, se tiene miedo. Es celular, sí. Por eso el verdadero zazen es importante, porque, incluso si uno se apega a las cosas materiales, a través del zazen se puede abandonarlas de inmediato en el interior, en las células. Hay que habituarse a enfrentarse a este miedo, a domesticarlo.

Hay muchos miedos diferentes. Se dice que cuando se evoluciona espiritualmente, se tiene miedo, se pasa por periodos de miedo, por periodos de profunda angustia interior; realmente, no se puede explicar.

¿Es porque se cambia de dimensión? ¿Da miedo porque es desconocido? Y da miedo ¿a qué? Al lado limitado que tenemos, da miedo, de hecho, al ego. Si embargo, el ego también es importante. Dios necesita al ego: es decir, que lo ilimitado quiere conocer lo limitado y lo limitado quiere conocer lo ilimitado.

Cuando se realiza una práctica espiritual, cuando se tiene una aspiración de evolución espiritual, hay siempre momentos en que se conoce el miedo, un miedo que no se puede explicar, que dura un cierto tiempo, y después, hay una apertura, una evolución.

Me acuerdo de que al principio cuando iba a hacer zazen a casa de Deshimaru, al llegar abajo (había que coger el ascensor), al llegar al portal de su casa, me dolía el vientre, tenía muchísimo miedo cada vez que iba allí.

Y también a veces en zazen hay momentos en los que se tiene mucho miedo. Se pasa por dificultades en las que francamente se tiene un terrible miedo a soltar. Algunas veces se pasa por esta experiencia: el corazón comienza a batir muy fuerte (parece que se vaya a salir del pecho), entonces uno se dice: ¿qué hago?, lo dejo?. Es ahí cuando hay que continuar. Hablo de esa clase de miedo espiritual.

Y luego el miedo último es la muerte. Uno no sabe si la muerte será apacible o magnífica, pero se tiene miedo por que no se la conoce. Existe una angustia muy grande en todo el mundo ante la muerte. Hay un deseo de dejarse ir hacia la muerte y al mismo tiempo un miedo, ganas de escapar. Una vez pasé por eso. Había ido a nadar y de repente sentí el abrazo de la muerte, y dije: «Bueno, pues ahí está, me voy a morir ahora». Tuve miedo, me quedé sin respiración. Tenía, al mismo tiempo, el deseo de sobrevivir; era necesario que nadara hasta una boya que estaba lejos; entonces hay que sobrevivir, hay que calmarse, pero al mismo tiempo un deseo de dejarse llevar, de soltar, de morir, y de hecho, tenía miedo de ese mismo deseo. Era el combate entre esas dos cosas.

Entonces, después, conseguí calmarme, continuar nadando, distenderme en el agua, pero distenderse sin morir era difícil. Un poco más tarde aquello recomenzó un poco, entonces me puse en loto en el agua, estaba sobre la espalda puesto en loto, pero me estaba yendo tal modo...

Trataba de respirar, de calmarme, porque me decía: ¡si lo suelto todo me voy!. Y entonces, después, empecé a nadar de nuevo y de repente el miedo desapareció completamente. Y entonces estaba distendido en el agua, habría podido nadar durante horas, no estaba cansado, era como un pez, el miedo se había ido.

Conozco bien la relación entre el miedo y el deseo de morir.

Conozco bien esta historia entre el miedo y el deseo de irse.

En zazen, es lo mismo, se vive la misma historia. Se dice: «Ah, mierda, de verdad que me gustaría mucho soltarlo todo, abandonarlo todo», y luego en cuanto todo comienza a irse «¡Eh, eh, eeeh!». Pero en zazen es más fácil, porque en el mar, ¡no hay nadie que toque la campana!


Segunda Sesión

Preparación

Domingo,13/8/2000 17:00

La nariz y el ombligo en la misma línea.
La cabeza bien derecha.
Las orejas y los hombros en el mismo plano.
Los dedos de las manos bien superpuestos.
Los pulgares se tocan, bien horizontales.
Los brazos, los hombros, -distendidos lo más posible.
Los codos no demasiado -cerca del cuerpo.
La cintura bien estirada.
Estable como una pirámide.
La mirada posada sobre el suelo a un metro.
No dejéis los ojos abiertos como un pez muerto.

Domingo,13/8/2000 20:30

Los brazos del kyosakuman deben formar como una montaña y las manos se juntan a la altura del mentón.

El Maestro Dogen nació el 2 de enero del año 1200. El segundo día del siglo. Descendía de la más alta nobleza de la corte, su padre era Koganishishika, que era descendiente del emperador, el emperador Ourakani. En esa época era ministro, y su madre era hija de un alto dignatario, un poeta de gran reputación, Mishiwara Motofu.

El padre de Dogen murió cuando él tenía dos años. Vivió su infancia en un ambiente de muy elevado nivel cultural. Fue educado desde muy joven en el chino clásico y la poesía, adoraba estudiar. Parecía estar extremadamente dotado para los estudios.

Cuando tenía siete años, su madre también murió y entonces sufrió una gran impresión. Comprendió —dijo— la impermanencia, la evanescencia de la vida, la inestabilidad fundamental del mundo, lo que en japonés se llama Mujo. La muerte de su madre —dijo— cambió totalmente su destino. Durante el poco tiempo que dura nuestra frágil vida, dijo, piensen en la vía del Buda y en nada más.

Luego creció, adoptado por un hermano de su madre hasta que llegara a ser el heredero de su noble familia. Todo le predestinaba a una gran carrera, sin duda política, pero a los 12 años, para consternación de todo el mundo, decidió hacerse monje.

Entonces se planteaba para él una elevada carrera —evidentemente en el budismo.

Fue enviado a Senkobo en el monte Tihei, que era en esa época el centro de estudios budistas con más renombre. Fue ordenado a los 13 años. Y desde que comenzó a estudiar la vía se tropezó con este problema: todas las escuelas budistas, sin excepción, mantienen que la naturaleza de Buda es la propia del hombre: tenemos la naturaleza de Buda. Entonces, si eso es así, ¿por qué todos los maestros del pasado tuvieron que buscar, hacer un gran esfuerzo para despertarse, obligándose incluso a veces a prácticas ascéticas?

De hecho, ninguno de sus allegados pudo darle una respuesta. Entonces decidió dejar el monte Tihei, salir a buscar en otra parte.

Pasó los siguientes años viajando por todo el Japón, consultando a todas las personas capaces de ayudarle. En sus peregrinaciones por el Japón, permaneció algún tiempo en el templo de Keniji, junto al maestro Heissan. Era un maestro más o menos rinzai que había viajado por China y había traído una práctica que mezclaba un poco de budismo Rinzai con otra escuela que se parecía un poco al budismo tibetano. Dogen no se entretuvo demasiado en su templo y retomó su viaje, siempre en busca de un maestro.

Tres años más tarde no había encontrado nada aún, y decidió regresar al templo de Keniji e instalarse allí. Entre tanto, el maestro Heissan había muerto y había sido reemplazado por el maestro Myozen. En esa época Myozen tenía 33 años y Dogen 17.

Entre ambos se estableció una relación de maestro a discípulo, y la fe y la búsqueda profunda del maestro Dogen influenciaron al maestro Myozen.

Finalmente, decidieron partir juntos a China para buscar un maestro auténtico. En esa época, los viajes por China eran muy peligrosos, era realmente una aventura. De hecho, el maestro Myozen ni iba a volver vivo de ese viaje.


Lunes, 14/8/2000 7:30

Entonces, el Maestro Dogen llegó a China en mil doscientos veintitrés. Permaneció primero durante algunos meses cerca de su barco, donde estudió y se familiarizó con el idioma chino antes de adentrarse en el país. ¡China es un país inmenso!

Luego, buscó de monasterio en monasterio, pero el zen chino fue una gran decepción para él. Le parecía que la práctica no era seria.

A menudo, los monjes no practicaban zazen, sólo hacían ceremonias, sampai. Se quejaba también de discriminación racial.

Obstinadamente continuó su búsqueda de monasterio en monasterio. Continuó así durante dos años. Finalmente, se entera de que su maestro japonés Myozen, estaba gravemente enfermo. Estaba en el monasterio del monte Tosan. También el Maestro Dogen se sentía totalmente desanimado.

Perdía el tiempo y no encontraría jamás en China un maestro digno de ese nombre. Decidió entonces ir a visitar a Myozen y regresar después a Japón.

Pero el azar quiso que fuera de otro modo. Un viejo monje se cruzó en su camino y le habló del Maestro Nyojo, el nuevo superior del monte Tien Chong. Le aconsejó ir a consultarle cuanto antes.

El encuentro tuvo lugar el primero de mayo de mil doscientos veinticinco. Al instante, el Maestro Dogen supo que había encontrado a su maestro, y el Maestro Nyojo comprendió que había encontrado un discípulo excepcional. Un mes más tarde, Myozen murió. Dogen prolongó su estancia con el Maestro Nyojo.

El Maestro Nyojo pertenecía a la rama Soto del Zen en donde la doctrina es: "sólo zazen". El Maestro Nyojo transmitió el sello del Dharma al maestro Dogen y murió un año más tarde. Ningún discípulo chino continuó verdaderamente su linaje. El Zen que Boddhidharma introdujo en China en el siglo sexto iba a transplantarse en Japón y a dar abundantes frutos hasta nuestros días.

Es muy interesante estudiar la historia del Zen. En toda la obra del Maestro Dogen, que vivió hace siete siglos, está profunda y espiritualmente narrada.

En nuestra página web en Internet, zen-deshimaru.com, hay un artículo que se llama Zen y prehistoria. Habla de la práctica de zazen antes de Buda. Se han encontrado vestigios de esta práctica que se remontan a seis mil años, en muy distintos lugares de la India, China o Japón. Cómo practicaban estas gentes, estos hombres prehistóricos. No se han encontrado manuscritos de esa época. El zen indio era distinto del zen chino.

El Maestro Hyakujo, del que hablé el año pasado, creó en China las reglas del monasterio. Estas reglas fueron conservadas y preservadas en Japón por el Maestro Dogen. No son solamente reglas de funcionamiento formalistas, sino también un entrenamiento espiritual en sí mismas.

¿Cómo nosotros, que hemos heredado el Zen, hoy, en el año dos mil, le vamos a dar una forma propicia para los siglos venideros? Tenemos, de todas formas, que inspirarnos en los antiguos, extrayendo la substancia, la médula.


Lunes, 14/8/2000 20:30

Iniciación a los sonidos

Entonces, el Maestro Dogen encontró a su maestro, Nyojo. Permaneció tan solo dos años con él y pudo encontrar respuestas a las cuestiones profundas que se había planteado. Pudo encontrar todo lo que necesitaba para transmitir la verdadera doctrina a Japón. El Maestro Nyojo le pidió que se quedara con él en el monasterio, en China, pero el Maestro Dogen le manifestó la importancia que tenía para él el hecho de llevar el tesoro del Shobogenzo a Japón.

La verdadera doctrina del Zen se transmite en toda su pureza de una manera siempre inesperada:

Yoka Daichi conoció al sexto patriarca durante una noche, esto le bastó para recibir lo que necesitaba,

El Maestro Dogen pasó dos años con el Maestro Nyojo,

Ananda pasó treinta años con el Buda y otros treinta con Mahakashyapa, sesenta años para realizar la vía,

el Maestro Ejo, discípulo del Maestro Dogen recibió la transmisión de este último siendo de más edad que él. Es necesario encontrar el verdadero Dharma para poder despertar a algo que ya nos pertenece.

Es la pregunta que se hacía Dogen: ¿por qué practicar, por qué buscar, por qué seguir, por qué hacer esfuerzos si ya tenemos la naturaleza de Buda? ¿Por qué el despertar nos llega de circunstancias exteriores?

Un día, el Maestro Dogen dijo a sus discípulos:

«¿Os habéis dado cuenta de que el sonido de un bambú puede hacer comprender la vía, que la visión de una flor de melocotonero puede despertar vuestro espíritu?».

Hacía referencia a dos célebre monjes, dos célebres historias. Uno, barriendo el jardín envió una piedra hacia un bambú, con el que chocó. El sonido de la piedra contra el bambú provocó su despertar espiritual. El otro, un día que estaba sentado y miraba un melocotonero en flor, vio de repente desvanecerse todas sus dudas.

Entones, dice el Maestro Dogen, ¿piensan que hay bambúes inteligentes y bambúes idiotas?. ¿Bambúes que viven el la ilusión y otros que tienen el satori? ¿Creen que hay flores superficiales y que otras son profundas? Todos los años, en primavera, las flores eclosionan y sin embargo ningún hombre alcanza el despertar al mirarlas. En cualquier momento, si lanzan una piedra contra los bambúes escucharán un sonido específico, pero es muy raro encontrar a quienes comprendan la vía oyendo este ruido.

Es sólo mediante una larga búsqueda, una práctica repetida, continuos esfuerzos aplicados, que se despierta y todo en el espíritu se vuelve claro.

Esto no se produce a causa de un ruido particular o de un color excepcional.

La voz del bambú es maravillosa, pero no canta por sí misma. Es gracias al choque, a este encuentro, este encuentro de circunstancias que el sonido se produce.

El color de la flor de la flor es magnífico pero no se abre por sí sola: es la brisa de la primavera la que le hace abrirse.

Es exactamente lo mismo en el estudio de la vía: todo hombre tiene la naturaleza de Buda, es inherente a cada uno, pero su despertar depende de los demás. Todo hombre está dotado de inteligencia y de cualidades fundamentales, pero es por el apoyo de los demás por lo que se progresa en la Vía.

Es por lo que, con un solo espíritu, deben concentrar sus energías y consagrarlas únicamente al estudio y a la práctica.

Puliendo el jade, se acaba por hacer un vaso. Al pulir a un hombre se manifiestan en él las virtudes de la humanidad. La piedra tiene su brillo natural; el hombre tiene también sus cualidades naturales. Al igual que es necesario pulir la piedra, es necesario que el hombre se sujete a una práctica.

Esto no es tanto un esfuerzo de voluntad; es más bien la repetición de un mismo acto día tras día, año tras año. Entonces la experiencia llega, las ilusiones se desvanecen poco a poco, los deseos se olvidan, no queda más que el acto, que se torna impecable, puro. Este acto tan solo, transforma la totalidad de sus vidas. Al final, la totalidad de sus vidas se vuelve perfecta inconscientemente, naturalmente, automáticamente.


Martes, 15/8/2000 7:30


Dice Dogen:

«Desde tiempos remotos, la comunidad de los que practican la vía de Buda es regida por seis responsables, hijos todos de Buda. Su misión es gestionar juntos los asuntos del Buda».

El cocinero (tenzo), que está encargado de la preparación de las comidas de los monjes, es uno de estos responsables.

En el Zennon Shingi —que es una obra sobre las reglas en los monasterios escrita por Hyakujo— se precisa que la función de cocinero fue instituida porque los monasterios hacen ofrenda de alimentos a un gran número de practicantes, de monjes. Es, pues, de una gran responsabilidad. Esta responsabilidad ha sido siempre confiada a maestros iluminados, personas que tienen el espíritu de la vía, a personas que aspiran ardientemente a despertar su espíritu.

La práctica de la vía forma un todo, una unidad, un acorde. Como en la música, es un acorde y no un solo.

Sensei insistía mucho en este punto (Kodo Sawaki también), en aquellos que tenían una fuerte personalidad y querían siempre situarse por encima de los demás, siempre más fuerte que los demás o sobre los demás, que no son conscientes de la existencia de la comunidad, que están tan centrados en ellos mismos que pierden la conciencia del acorde de la comunidad. De este modo, me he visto obligado a expulsar a un antiguo discípulo que no comprendía este punto.

El Maestro Dogen lo explica claramente:

«Es seguro que por la fuerza, la perseverancia, la repetición de la práctica, aparece el despertar, pero siempre gracias a la concordancia de varios efectos».

Dice: «El despertar depende de los demás». La naturaleza de Buda está en cada uno de nosotros, pero el despertar depende de los demás. Entonces, la comunidad es muy importante, el espíritu de...

Se dice que el lado derecho del cerebro está despierto a la totalidad. Así pues, un cocinero que no tuviera un espíritu de la Vía suficientemente auténtico sufriría por nada al cumplir con este trabajo agotador, y no sería de ninguna ayuda para la comunidad.

La comida, la comida terrestre, material, ¿cómo prepararla, cómo comerla?. Realmente es gestionar algo totalmente concreto, visible, real. Entonces hablaré un poquito de la enseñanza del Maestro Dogen respecto al tenzo.

Ahora, en nuestra sangha, estamos experimentando. Se ofrece la posibilidad a varias personas de poder hacer el papel de jefe de cocina por un día. Evidentemente, Pierre está obligado a quedarse de todos modos: ¿dónde está la cacerola?, ¿dónde está el cucharón?, ¿dónde está la sal?.

Evidentemente son sólo discípulos en los que se confía que pueden hacer esta experiencia, discípulos experimentados, no solamente en la cocina. No se trata sólo de hacer un buen plato: “Emincé de Gen mai au jus de truffe”... Es muy importante intentar utilizar al máximo los alimentos que hay, encontrar la cantidad justa, no tener que tirar. Si quedan restos, pueden ser entregados a los perros. Hay que utilizar todo. Asimismo, en la cocina hay que complementar siempre los diferentes ingredientes, los diferentes gustos. Es el Tao. ¿Cómo armonizar los cinco sabores? Volveremos sobre ello. Mientras tanto, esta noche: ¡Chile con carne!


Sesshin

Viernes, 18/8/2000 11:00


El reglamento de los monasterios subraya que es porque actualiza el espíritu de la Vía en la variedad, la renovación de los menús apropiados según las estaciones, las necesidades y las circunstancias, por lo que el cocinero aporta a la gran asamblea el consuelo, el bienestar necesario para la práctica.

De hecho, el hombre tiene un funcionamiento bastante rudimentario: es necesario que absorba energía para que pueda realizar algo, aunque no sea más que para sobrevivir. Por lo tanto, en un templo zen, en un lugar donde las personas han venido para realizar algo espiritual, es lo mismo: lo espiritual se vuelve material; lo material, espiritual. Incluso la fiesta, por ejemplo, se convierte en un práctica seria.

Nos alimentamos de emociones, de sentimientos, de ideales, de fantasmas, de olores, de imágenes, de sonidos, y así mismo de algo sólido, porque tenemos una parte material: nuestro cuerpo, que soporta todo el resto.

Cuando se toman alimentos en un monasterio (en otros sitios también, por ejemplo, la comida que la madre ha preparado para sus hijos), no se absorben solamente trozos de zanahoria. Cuando se hace la comida, es parecido: ¿cómo va a hervir el agua?, ¿qué es lo que emana de las burbujas de la gen mai?.

Todo eso forma parte de un ser vivo, es un discurso que habla a quien va a comer, como la práctica que no es siempre fácil, a veces hace mucho calor, a veces mucho frío.

--¡Y ahora, niños, vais a comer espinacas!.
—¡No!

El gusto, la sabiduría del gusto evoluciona también con la edad.

Hay personas que lanzan críticas sobre mi Sangha diciendo: «¡Esto no es serio, se tiene prevista una cosa y al final hacemos otra! Las horas de las comidas no están bien establecidas al inicio de la sesshin, el planning del año se modifica a veces, sucede que los menús se cambian, nada de eso es serio». Yo digo: ¿Quién puede decidir exactamente la hora de su muerte? Va a ser necesario adaptarse.

Hay quienes quieren morir, pero vivirán hasta los cien años, otros creen que van a vivir mucho tiempo, pero mueren. La muerte les coge por sorpresa.

Se piensa: «Esto va a ser así o asá, voy a ir de vacaciones, va a estar bien, tomaremos el sol, después el aperitivo a la sombra con unas aceitunas. Después, se llega y llueve todo el tiempo. En lugar del aperitivo uno atrapa la gripe, y los jerseys se olvidaron en París. Al año siguiente se traen muchos jerseys por si...

Actualizar el espíritu de la Vía en la variedad y renovación de los menús apropiados a las estaciones y a las necesidades del momento.


Viernes, 18/8/2000 17:00


La posición de los pulgares a la altura de la boca.

En la historia del Zen, muchos de los grandes maestros han realizado la función de tenzo. Esto es ser cocinero en un templo zen. Preparar la comida para la sangha, para la práctica, para el Buda. Es importante no separar los tres tesoros. En el Zen no hay que pensar ni analizar las cosas de modo convencional. Grandes maestros como Issan, como Tozan Chucho —no se trata del Tozan que conocemos—, que es un maestro originario del Norte, del Noroeste de China, que recorrió dos mil kilómetros a pie en busca del Zen y finalmente realizó el despertar junto al Maestro Ummon. Es el que dio la célebre respuesta a un monje que le preguntó por la naturaleza de Buda. Dijo: «Buda es tres libras de sésamo». Muchos otros grandes maestros han realizado esta función. Es para dejar claro que un cocinero zen es esencialmente diferente de aquellos que preparan la comida habitualmente, bien sea en un gran restaurante o en una gran mansión. No es lo mismo.

El Maestro Dogen dijo que durante su viaje a China aprovechó el tiempo libre para preguntar a los antiguos sobre la naturaleza de las funciones del cocinero: «Les estoy muy agradecido —dice— de haberme instruido compartiendo conmigo su experiencia». El Maestro Dogen explica en detalle el desarrollo de una jornada de tenzo tal como transcurría en China en casa de su maestro. Incluso si las circunstancias cambian, es muy importante prestar atención a este reglamento y escuchar el informe de la experiencia de los antiguos.

He aquí como transcurría la jornada de un tenzo —de un cocinero— durante veinticuatro horas. Después haber terminado la comida del mediodía, el cocinero va a la casa del intendente donde le son entregados los ingredientes para la próxima jornada: cereales, verduras u otros ingredientes: trozos de tocino, salchichas... Una vez que los productos estén en sus manos, debe cuidarlos como a la niña de sus ojos. Un antiguo maestro dijo: «Los objetos y bienes de la comunidad que utilizan deben de ser como la niña de sus ojos, es decir, algo extremadamente precioso. Están encargados de protegerlos y velar por ellos, y, si es posible, de hacer algo con ellos».

La comida es delicada porque puede pudrirse (por ejemplo, las frutas); o bien, si sobran restos, ¿qué se hace con ellos?. Seguro que si dejan caer un grano de arroz o un pequeño trozo de legumbre, no es muy grave, no hay que ser maniático ni dogmático, pero hay que comprender que cada grano de arroz, cada verdura, cada objeto es extremadamente precioso y debe ser iluminado, utilizado, ofrecido. Entonces, sea lo que sea lo que tengamos entre manos y aún más si es comida, hay que considerar que está destinada al Buda. Para agradarle. No importa si el cereal está crudo o cocido. Bien, una vez que se han entregado las provisiones al tenzo, reunión con los responsables de los que hablé al principio, los seis responsables del templo.

Tenía la lista de los seis responsables de la época..., entonces está el jefe del dojo, el intendente, el contable, el jefe de samu ... lo he encontrado: estaba el responsable de las finanzas, el responsable de las relaciones en la comunidad, el jefe de samu, los demás no sé, bueno, está el tenzo, sin duda el responsable del dojo, el jefe de los discípulos...

El maestro no formaba parte de estos seis responsables, está más allá, sin embargo es posible que participe en la elaboración de los menús, sobre todo si es glotón.

Entonces se reúnen y deciden el menú del día siguiente, se hacía eso todos los días. Nosotros tenemos que preparar los menús al menos una semana, tres o cuatro días antes. Ellos lo hacían todos los días, decidían la elección de los sabores, cómo se iban a preparar los platos, con qué guarnición de verduras, utilizaremos cereales o féculas, patatas, alubias. Dogen subraya el hecho de que el reglamento de los monasterios es muy claro sobre este punto: antes de decidir los menús del día siguiente, el cocinero debe consultar a los administradores del monasterio. Bien, son éstos: el intendente, el subintendente, el tesorero, el supervisor general, el cocinero y el jefe de samu.

Hay que elegir los menús en función del clima, de las circunstancias, de las necesidades. Una vez que se ha decidido el menú, se pone en el panel situado en frentede la habitación del Maestro.

Dogen nos describe como se hacía esto hace cinco siglos. Todos los templos japoneses se han hecho según el modelo de los templos chinos. Como ven, no se tomaban a la ligera lo que comían.


Sábado, 19/8/2000 7:30


Estirad la nuca. Durante las sesshines no vaciléis en daros masajes en los hombros. Los hombros, la nuca, son muy importantes; es ahí donde las tensiones, las toxinas, se acumulan. Sobre todo los que trabajáis con el ordenador debéis vigilar particularmente el tema de los hombros y de la nuca, debéis haceros regularmente masajes.

Sábado, 19/8/2000 11:00

Debéis parar de pensar durante zazen.

El reglamento del monasterio es muy claro en este punto: antes de decidir los menús del día siguiente (sabores, verduras, cereales, etc), el cocinero debe consultar a los responsables del monasterio. Se trata de los jefes de los seis departamentos encargados de la administración de la comunidad. Cuando se han tomado las decisiones, los menús deben colocarse en los paneles frente a la habitación del maestro. Terminados esto preliminares, el tenzo emprende la preparación de la comida de por la mañana.

Cuando lavéis el arroz o las verduras, hácedlo con vuestras propias manos y en la intimidad de vuestra propia mirada, con una completa atención y con toda conciencia. A pesar de todo, cuando seáis responsables de la cocina, no debéis concentraros sobre un punto y olvidar otro: es necesaria una concentración total, tanto sobre una sola cosa como sobre la totalidad.

En el reglamento del monasterio ( se ve que daban importancia a la comida), si los seis sabores no están en armonía, las tres virtudes ausentes, el plato no es digno de ser presentado a la asamblea.

Los seis sabores son: ácido, amargo, dulce, picante, salado y soso.

Las tres virtudes: flexibilidad, ligereza, frescura, cuidado y precisión.

Entonces, en los templos, en las sesshines, en la práctica del zen, en el mundo del zen, la vida, los gestos de cada uno, son la vida y los gestos del Buda. Por eso nadie puede hacerlo en vuestro lugar. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. No se trabaja por los demás, por un salario. Se trabaja para uno mismo. Se trabaja para el Buda. Es la intimidad misma de este trabajo lo que es importante.

Dogen dice también: «No permitan que se rompa esta intimidad».

Esta intimidad con Buda, con uno mismo; esta relación entre ustedes y esa verdura que lavan, es casi secreta, como una historia de amor. Si alguien viene y les dice una tontería, no debe entrar, contaminar esta relación.

Sábado, 19/8/2000 17:00

Entonces, una frase muy importante, un secreto muy importante que da el Maestro Dogen:

«Si su mirada va y viene escrutando minuciosamente todos los detalles sin que por ello su espíritu se disperse o relaje, las tres virtudes estarán automáticamente en su plenitud, y los seis sabores florecerán por sí mismos. En otras palabras, el plato se realizará con éxito».

Es un poco lo que se enseña a los principiantes para el zazen, si ponen atención en todos los puntos de la postura, si no dejan que su espíritu se relaje ni se disperse...

Hay una relación entre el trabajo manual y el zazen. Cuando se tiene más experiencia en el zazen, no hay que dejar la mirada y el espíritu moverse, ir y venir. Hay que olvidar los detalles. Realmente, esto se ve en la cara, si las personas están completamente absorbidas por sus problemas, por sus pensamientos o si tienen el espíritu hishiryo. No está bien pasarse todo el zazen volviendo a los propios problemas. Hay que cortar.

En la cocina, el espíritu debe escrutar, observar minuciosamente todos los detalles. De hecho, en la realidad, no se puede hacer todo.

En zazen, se puede hacer todo si no se hace nada. En la cocina, si no se hace nada, no se come. Pero, hay tal cantidad de detalles, que, objetivamente, normalmente, no se podría no equivocarse. Sin embargo, lo que dice Dogen es realmente un secreto mágico:

«Si su mirada va y viene escrutando minuciosamente los detalles sin que su espíritu se relaje, verán realizado con éxito su plato».

Entonces, el tenzo tiene la responsabilidad del espíritu, y esto no puede dejarse a ningún otro. ¿Por qué? Porque si él se equivoca, si su espíritu no es exacto, haga lo que haga, el plato será un fracaso.

Dogen utiliza la palabra Dai Shin. Dai significa: grande, inmenso, infinito. Shin: espíritu. Espíritu infinito, sin límite. Cuando se dice grande, inmenso, no es en oposición a pequeño, significa ver las cosas con Dai Shin, con el espíritu de Dios, con fe, con sensibilidad. No hay detalles que no estén vivos. No hay una sola cosa en el mundo que no hable, que no exprese algo o que no interprete música. En música no es suficiente tener una buena técnica, es necesario sobre todo Dai Shin, oír la totalidad con el espíritu de Dios: el bien, el mal, las opiniones de los demás, las opiniones sociales, el éxito o el fracaso.


Sábado, 19/8/2000 20:30

Sólo los más grandes maestros pudieron acceder al puesto de tenzo. Incluso si uno intenta imitarles por fingir, no podrá evitar una inmensa fatiga. Incluso continuar zazen es muy difícil. Al principio, hay que tener una inmensa voluntad para continuar, pero después, repitiendo la postura, se puede practicarlo sin demasiadas dificultades.

Hay personas que se han inscrito como permanentes, hace tres días que trabajan en la cocina: «¡Ah!, ¡no puedo más! ¡Se me van a fundir los plomos!». No es el trabajo lo que les cansa, es el hecho de pasar desapercibidos por un instante. Estar discretamente en el seno de un grupo y hacer solamente lo que hay que hacer. Tienen continuamente la necesidad de saber si su ego sigue estando ahí. «¡Estoy aquí!. ¡Eh! ¡Ahí!, ¡me habéis visto!».

Del mismo modo, el hecho de mantener los pensamientos nos da la ilusión de la existencia de un ego, ese pretendido ego que está reflexionando, o ni siquiera reflexionando: reflexionar es al menos reflejar algo, reflejar como un espejo.

Cuando uno deja de alimentar sus pensamientos, el ego desaparece al mismo tiempo que los pensamientos que lo miran. Es como el reflejo en un espejo. El reflejo soy yo, pero yo no soy el reflejo. Si dejan de reflejarse (reflexionar) el ego desaparece.

Se cuenta a historia del Maestro Seppo. Era un gran monje, un verdadero gran maestro. Desde los nueve años quiso ser monje, pero sus padres no querían. Y finalmente, a los doce años, pudo convertirse en monje y marchó a pie a través de China. (risas)

Entonces sirvió en varios monasterios como cocinero y solamente a la edad de cincuenta años aceptó tomar discípulos.

De los nueve a los cincuenta años sólo cocinó.

Se instaló en una pequeña cabaña en la montaña. Pero eran tantos los discípulos que quisieron seguirle que se construyó un gran monasterio que reunió a mil quinientos monjes.

Un día dijo a sus discípulos: «La tierra inmensa, cuando la tengo entre mis dedos, no tiene sino el tamaño de un grano de mijo. Se los lanzo a la cara y no ven nada. Haced sonar el tambor del samu y buscad, buscad».


Domingo, 20/8/2000 7:30

Entonces, hemos hablado de Seppo y Tosan. Después se convirtió en el maestro de Gensha. Les he contado la historia de Gensha, que dejó ahogar a su padre, y que con todos sus discípulos, en primavera, salió en peregrinación a pie a través de China.

Era la tradición de entonces y, saliendo del templo, se golpeó con una gran piedra. De golpe se dijo:

«¿Para qué buscar en otra parte?. Aquí tengo un buen maestro y puedo practicar zazen.»

Regresó al templo y le dijo a su maestro:

«Boddhidharma no fue a China».

Y se quedó a hacer zazen todo el día. Hacía zazen todo el tiempo.

Entonces, el maestro Seppo, cuando era joven, hizo una visita al maestro Tosan. Era cocinero en el templo del maestro Tosan. Había un samu muy importante en los templos, escoger el arroz, separar los granos de arroz de los granos de arena. Me pregunto a qué correspondía exactamente este samu. Cuando fui a Cuba pude practicarlo. Porque cuando se es pobre, se compra el arroz a granel, el arroz no está escogido, hay que hacer este trabajo. Es completamente corriente en los países pobres. Nosotros estamos habituados a comprar el arroz con los granos calibrados, listo en siete minutos, sin que se pegue.

Entonces, hay que hacer este trabajo con un dedo para distinguir bien el grano de arroz del grano de arena. Imaginen hacer esto para quinientos discípulos...

Pues bien, el maestro Tosan pasa por la cocina y ve a Seppo trabajando. Le dice:

--¿Quitas el arroz de la arena o la arena del arroz?
--¡Ambas cosas!

Entonces Tosan le preguntó: «¿Qué van a comer los monjes?» Es un mondo muy interesante. A modo de respuesta, Seppo pega una patada al recipiente lleno de arena y de arroz para escoger y lo tira al suelo. En ese instante Tosan le dice: «Tú seguirás a otro maestro más tarde».


Domingo, 20/8/2000 11:00


Dice Dogen: «Concentrarse en el trabajo, en la preparación de las comidas, es prestar atención a cada aspecto de uno mismo. No deben tirar negligentemente el agua que queda después de lavar el arroz».

Es difícil. Como dije, los antiguos separaban el arroz de la arena porque así venía presentado el arroz. Hoy se tiene arroz perfectamente escogido, perfectamente limpio.

Del mismo modo, cuando el agua es valiosa, rara, hay que recuperar el agua con la cual se lavó el arroz para filtrarla. Antiguamente, se utilizaba un filtro, se lavaba el agua antes de tirar a la arena.

Se puede ir mucho, mucho más lejos en la realización del más mínimo detalle. Hay que, sin volverse completamente obsesivo, maniático, encontrar este espíritu zen por medio de la ecología moderna. Cuando nos falte el agua, nuestra relación con el agua tendrá que cambiar. Cuando nos falte la energía, nuestra relación con la energía cambiará. Cuando se ha lavado el arroz, se pone en una cacerola. Protejan bien la cazuela con el fin de que no caiga nada dentro por descuido. Imaginen, por ejemplo, que un ratón cae dentro, y no solamente los ratones...

Nadie está autorizado a rezagarse en la cocina salvo que tenga una tarea muy precisa. Nadie está autorizado a mirar en la cace